Hoy me siento ausente, porque la ausencia es precisamente, la nada sin fondo.
Hoy, hoy me siento mareado y embriagado porque esta ruleta rusa que llamamos emociones me bambolea de un lado a otro.
Hoy me siento indefenso, porque la indefensión es estar a merced del océano sin rumbo ni timón.
Hoy, hoy me siento incompleto porque no encuentro en toda la bolsa de experiencias la parte exacta que me haga funcionar de manera coherente.
Hoy me siento débil y torpe y sin destino, sin saber de donde vengo y a donde voy, sin estar seguro de estar en donde estoy.
Hoy, hoy dos palabras me cambian el ánimo, me hacen reír o me hacen llorar, porque la susceptibilidad me atrapa y envuelve.
Hoy me siento en el punto de no retorno entre la locura y la cordura, porque la incipiente montaña de nieve que he forjado se desvanece con el calor de la insensatez.
Hoy, hoy siento que nada me ilumina y entiendo perfectamente la relación entre la depresión y el color azul.
Hoy me siento incapaz de hilar dos conversaciones de bajo perfil porque mi chip se encuentra procesando un dato que ocupa el 99.9 por ciento de mi capacidad.
Hoy, por primera vez hoy en mucho tiempo, me siento vivo...
En el contexto de la sociedad actual, nos encontramos en la ambivalencia de dos mundos coexistentes dentro de un mismo círculo, pues por un lado, la sociedad se ha vuelto cada vez más consumista, incitando a que los coches en los garajes sean cada vez mas nuevos, mientras cientos de personas, sólo en esta ciudad, hacen del hambre una compañera en la cual envolver la realidad diaria.
Cientos de niños acuden a diario a la escuela con calambres en el estómago, producto de la falta de alimentos en sus casas, costumbre cada vez mas común entre las clases mas bajas de la fronteriza Nogales, mientras algunos pocos se quejan del embotellamiento diario que sufren al llevar a sus hijos al colegio que cuesta algunos miles de pesos al mes.
Diariamente miles de mujeres deben caminar en calles sin alumbrado público, por callejuelas que son una invitación a los vicios y los ladrones, para llevar algo mas de cuatrocientos pesos semanales a sus casas, dejando a sus hijos al cuidado de las guarderías de gobierno; miles de niños son criados en el ámbito de dichas guarderías, emblema de la moderna sociedad manufacturera.
Todos sabemos de algún caso en el que el embestir a un peatón, por lo general de las colonias e invasiones marginadas, resulta en el pago de una cierta cantidad de dinero a los familiares del ahora inválido, quienes por ignorancia o necesidad aceptan las dádivas para completar los magros ingresos de sus hogares. Eso es vender la individualidad, la dignidad.
Por otro lado, muchísimos alumnos de las variadas universidades de la ciudad se preocupan más por si sus atuendos van a combinar, que por el ambiente de hambre y marginación que los rodea.
Los ámbitos son variados, las escenas muchas; pero siempre es constante el hombre lobo del hombre, pasando a una variante moderna, el hombre ocupado en embellecer la imagen de sí, mientras se esconde en el ambiguo límite de la moral y la falsa piedad. Ignoramos constantemente que esta ambigüedad no es mas que un velo geométrico por sus lados cortantes y parejos, que evita que veamos la realidad invisible a nuestras mentes de “gente bien”.
La geografía pudiese ser diferente, pero el viaje sería el mismo; por un lado riqueza prodigada a manos llenas, por el otro, pobreza sin límites. Personas en carísimos trajes dedicados a las profesiones de más variados nombres, pero que en esencia no dejan de ser pillaje en despoblado. Despojos humanos envueltos en ropajes que parecen más harapos que otra cosa, luchando diariamente por sobrevivir en un mundo cada vez más feroz.
Nos toca a nosotros, los jóvenes preparados, reembolsarle a la sociedad algo de lo que hemos obtenido en estos años, algo de lo bueno que hemos recibido, destruyendo el blindaje que presupone el saber y hacerse de la vista gorda, de todas y cada una de las situaciones que el convivir cotidiano hace pasar por normales pero no dejan de ser un ultraje a la humanidad.
El eje de todas las acciones es la intención, o así al menos lo aprendimos algunos. No somos capaces de tener el coraje de enfrentar a un mundo que se protege a sí mismo de manera envolvente en alambres de púas, en medio de la emboscada diaria de salir al mundo a defender a los débiles, a los ignorantes, a los oprimidos.
Desechamos en automático cualquier idea que implique el dejar de tener las comodidades en que nos rodeamos. Consideramos hereje al que piensa diferente, sobre todo si este pensar diferente implica que todos somos iguales, porque así nos lo afirma diariamente la sociedad.
¿Cuántos pensamos en cambiar? ¿Cuántos vivimos el invento inverosímil de vida que nos crearon nuestros padres? ¿Cuántos, en fin, podemos convertir nuestras capacidades en armas que equilibren a las sociedades?
Nos encanta disfrutar de lo que tenemos o heredamos. Nos encanta saber que no todos somos iguales, porque habemos quienes somos mejores. Nos regodeamos en la desgracia y la pobreza ajena porque nos hace sentirnos diferentes y más grandes, mejores. Todos lo hemos pensado: ¿Qué haríamos en un mundo lleno de ricos? ¿Qué horrores se esconden tras la distribución equitativa de las riquezas?
Envidiamos al que mas tiene y nos envilecemos de soberbia frente al que no alcanza a llegarnos al nivel. Invalidamos todo aquello que nos sea ofensivo, que atente contra el diario embolsar de los miles de pesos… ¡que trabajen los pobres!, que yo ya estudié mucho y manejé muchos miles de pesos y viajé… mi equipaje vale más de lo que ganas en un año.
Lo homogéneo nos asusta, lo heterogéneo nos proporciona el marco perfecto para la obra que llamamos vida diaria. La avaricia se ha vuelto congénita y es apologético el dar limosna y la beneficencia.
A ver cuando, nos envalentonamos y dejamos atrás la vida de burgués moderno para empezar a vivir en serio, aunque sea un poco, en esta realidad invencible y constante y energética que se llama: la vida diaria.
Este es el cuento perverso de aquella mente precoz, que niega la vejez y busca rejuvenecerse recreando los días del colegio.
Mirando hacia el cielo ciruelo, coñac en una copa y cigarro del otro lado, converso con mis recuerdos y me pregunto cuàndo fué que subí al camión de la vejez y pasé de chofer a pasajero.
Lejos quedaron las noches de frac, la ceja alzada y la guitarra andaluza, con la cortina de la noche a la espalda y el cine como medio para ser un mero espectador.
Del terso terciopelo, pasé a la dureza del zinc; caballo por camello, coche por camión y capaz por respeto.
Como avestruz, sólo me queda hundirme en el concreto y dejar que la vida siga, de falaz abolengo a común mediocridad.
Hoy te vi por primera vez tal cual eres, en tu justa medida, en tu justa dimension, y sabes que??? me has dado mas lastima que los niños de Bosnia, las madres de la Plaza de Mayo y los indigenas de Atenco. Porque te revise completito, de pies a cabeza, no como juez sino como testigo de tu ser, y te encontre tan increiblemente vacio, que corria el peligro grave y presente de hundirme contigo.
La limpieza de la casa, debe empezar por algun lado, ni modo... alea jacta est... te toco primero...
Resulta que estoy leyendo la nota publicada en el Imparcial (http://www.elimparcial.com/EdicionEnLinea/Notas/Nacional/03102008/331672.aspx) en donde se dice que la Presidencia de la República tiene a bien aclarar al pueblo mexicano por qué detuvo al joven que increpó a Calderón en un evento público.
Todos quienes me conocen saben que soy institucional en extremo y que aunque no soy panista y no comulgo con esa ideología, siempre he respetado y exigido respeto a la figura presidencial, incluso criticando duramente al Congreso de la República y a la Presidenta de la Cámara de Diputados por su actuación en varias situaciones que todos conocemos, como la entrega del Informe Presidencial de Septiembre de 2007.
Sin embargo, por más institucional que soy, creo que me inclino más a la justicia. Este joven, que actuó mal desde mi punto de vista, está siendo investigado, fue detenido e incomunicado, y probablemente sea castigado por su mal actuar.
Mi pregunta es: ¿Y CUÁNDO DETENEMOS A ANDRÉS MANUEL LOPEZ OBRADOR??? Y A LA DIPUTADA ZAVALETA???
No es AMLO, acaso, quién inició y propagó el uso del grito de ESPURIO!!! a Calderón??? ¿No es muchísimo más reprobable la actuación de esta supuesta representante del pueblo al negarse rotundamente a recibir al Presidente de la República en el Congreso y retirarse abruptamente pues, en sus palabras: No podía ser cómplice de un acto con el que no estaba de acuerdo...? ¿No es acaso SU RESPONSABILIDAD como representante del pueblo acatar la normatividad y el respeto a las instituciones?
¿Es que acaso es más factible castigar a un joven que a un funcionario público o a un dizque "presidente legítimo"? ¿No es acaso mayor ofensa a la autoridad, declararse "presidente legítimo", por encima del que ha sido declarado legalmente Presidente?
¿No es obligación del Gobierno del Distrito Federal entregar a quien cometa dichas infracciones, como lo fue, según declara la Presidencia de la República del Estado Mayor Presidencial? ¿No está cometiendo entonces Marcelo Ebrard el delito de Asociación Delictuosa y se convierte en cómplice al permitir que el "presidente legítimo" convoque en el Zócalo a todos sus seguidores para gritar consignas a la Presidencia de la República?
¿No son entonces todos, quienes defienden y sostienen a AMLO económicamente, cómplices de dicho crimen?
La respuesta de la Presidencia de la República de "no presentar cargos" no puede entenderse de manera alguna como un gesto de buena voluntad, sino un gesto en extremo pólitico: No hagamos un mártir de quien ya obtuvo publicidad. Inteligente movida de Mouriño y / o Calderón, pero a mi punto de ver, llegó tarde.
¡Qué vergüenza que se juzgue de tal manera a un joven cuyas habilidades y logros de mente brillante debieran representar un orgullo para el país, que publicita las Olimpiadas y los Mundiales de futbol y deja de lado a quienes nos representan internacionalmente!
Andrés Gómez, cabe aclarar, se encontraba en la ceremonia de entrega del Premio Nacional de la Juventud, que él ganó, cuando cometió su delito.